ALAMBRE DE PUAS HORACIO QUIROGA PDF

ALAMBRE DE PUAS HORACIO QUIROGA PDF

August 13, 2020

LA HAZAÑA, EL FISGONEO, LA AVENTURA Y EL COMPAÑERISMO EN EL ALAMBRE DE PÚAS DE HORACIO QUIROGA. Horacio Quiroga. Nació en Salto . DownloadEl alambre de pua horacio quiroga pdf. Using keyboard in Normal or. DubMaster Special CHP dispatchers began receiving reports about the wrong-. Horacio Quiroga CUENTOSBIBLIOTECA AYACUCHO. “la gallina degollada” ( julio 10, ). este cuento que por bajar el alambre de púa y.

Author: Guzshura Galkis
Country: Benin
Language: English (Spanish)
Genre: Technology
Published (Last): 19 July 2007
Pages: 322
PDF File Size: 3.30 Mb
ePub File Size: 6.38 Mb
ISBN: 200-3-27225-938-4
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Diario de la marina ( 04-29-1948 )

The limitations in- herent in a work such as this, intended as it is for classroom use, make such an undertaking inadvisable. The collection, which includes twenty stories, contains, however, representative selec- tions by well-known authors, many of whom have attained literary distinction in the Spanish speaking world. The stories cover a wide range of subject matter and types.

Their plots range from the realistic simplicity of daily life to the more fanciful themes of the imagination. The people who move throughout these pages vary greatly: It is difficult to determine beforehand at what level, in the process of learning Spanish, this text could be more advanta- geously ‘adopted. Each teacher will have to decide that for him- self.

I have found from experience, however, that the fourth semester of ‘college Spanish, that is, the second semester of the second year, is a satisfactory point at which to use this book. I am indebted to my classes in Spanish American literature at The George Washington University for valuable assistance in the selection ,of these stories. They read many stories in the course ouas several years and their reactions and opinions served as guidance for the final selection of the puax and works included in this text.

I wish also to acknowledge my deep appreciation to Miss Marian Forero, chief reference librarian of the Columbus Me- quuiroga Library of the Pan-American Union, for many favors received during the long and arduous ce of this book.

Hace ya muchos anos. Al terminar febrero, habia vuelto del campo donde trabajaba en la cosecha de la uva. Vivia en Men- doza. Con un chileno que volvia con- migo, recorrimos las obras en construccion, ofreciendonos como peones. Pero nos rechazaban en todas partes. Por fin alguien nos dio la noticia de que 3 un ingles andaba 4 contratando gente para alabre a Las Cuevas, en donde estaban levantando unos horaio. Mi compafiero fue aceptado en seguida. Me miro de arriba abajo y me pregunto: El chileno tiene, especialmente entre la gente de trabajo, fama de trabajador sufrido y esforzado y yo usaba esta nacionalidad en esos casos.

Ademas, mi continue trato con ellos y mi descen- dencia de esa raza, me daban el tono de voz y las maneras de tal. Asi fue como una maiiana, embarcados en un vagon de tren de carga, hacinados como animales, partimos de Mendoza en direccion a la Cordillera. Eramos, entre todos, como unos treinta hombres, si es que yo podia considerarme como tal, lo cual no 1 con tantos relieves, so vividly. Habia varies andaluces, muy par- lanchines; unos cuantos austriacos.

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Entre estos ultimos estaba Laguna. Era un hombre delgado, con las piernas brevemente arqueadas, 6 el cuerpo un poco in- clinado, bigote lacio de color que pretendia ser rubio, pero que se conformaba modestamente con ser castano. Su cara recordaba inmediatamente a un roedor: Le ofreci cigarrillos y esto me predispuso a su favor.

Un montoncito asi de vida. Usaba alpargatas y sus gruesas medias blancas subian hacia arriba aprisionando la parte baja del pantalon. Una gorra y un traje claro, muy delgado, completaban su vestimenta que, como se ve, no podia ser confundida con la de ningun elegante.

A la hora del almuerzo comparti con el mi pequena provision y esto acabo de atraerlo hacia mi. Mas decidor ya, por efecto de la comida, me conto algo de su vida; una vida extrana y maravillosa, llena de vicisitudes y de pequenas desgracias que se sucedian sin interrupcion. Hablando con el, observe esta rara mania o co- stumbre: Laguna no tenia nunca quietas sus piernas. Ya jugaba con los pies cambiando dc sitio o posicion una maderita o un trocito de papel que hubiera 9 en el suelo ; ya las movia como marcando el paso con los talones ; ya las juntaba, las separaba, las cruzaba o las descruzaba con una continuidad que mareaba.

Yo supuse que esto provendria de sus costumbres de vagabundo, suposicion un tanto antojadiza, pero yo necesitaba clasificar este rasgo de mi nuevo amigo.

Su cara era tan movible como sus piernas. Sus arrugas cambiaban de sitio vertiginosamente. A veces no podia yo localizar fijamente a 6 brevemente arqueadas, slightly bowed. The expression is accompanied with gesture indicating its small size.

Y sus ojos pequenos controlaban todo este movimiento con rapidos parpadeos que me desconcertaban. Soy chileno; de Santiago. En el tren intimamos mucho. Laguna era una fuente inagotable de anecdotas y frases graciosas. Mi juventud se sentia atraida por este hombre de treinta y cinco anos, charlador inagotable, cuya vida era para mi adolescencia como una cancion fuerte y heroica que me deslum- braba. Su tema favorito era su mala suerte: Yo soy roto 13 muy fatal, hermano.

El dolor de su vida, en lugar de entristecerme, me alegraba. Contaba sus desgracias con tal profusion de muecas e interjec- ciones que yo me reia a gritos.

Se paraba un instante, se ponfa serio y me decia: No se ria de la desgracia ajena ; eso es malo. En las partes que el consideraba tragicas o pateticas, sus ojos se cerraban y sus orejas, largas y transparentes, parecian trasladarse hacia la nuca. Y entonces, cuando gritaron: Of pure Araucanian stock. The Araucanians were a tribe of Indians who inhabited Chile and who fiercely resisted the Spaniards at the time of the conquest and colonization.

LACUNA 5 las orejas volvian al sitio predilecto y me miraba para ver que impresion hacia en mi su relate.

El alambre de púa by Pablo Rodriguez on Prezi

Yo conocia la Cordillera por haberla atravesado dos alamber en mi ninez, pero de ella no guardaba mas recuerdo que el se una mulita muy suave, un arriero que me cuidaba, el de un coche que rodaba entre dos murallas de nieve y el de mi madre, este ultimo 17 mas patente que los otros.

Por lo tanto, el espectaculo era nuevo para mi. Una sensacion inmensa de pequenez sobrecogio mi espiritu, cuando, al descender del tren, mi vista recorrio ese inmenso an- fiteatro de montaiias. El cielo me parecia mas lejano que nunca. Ni un arboL Aridez absoluta en todo lo que vela. Rocas que se erguian, crestas rojas o azules, manchones de nieve, soledad, silencio.

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El tren se perdia como un gusano, entre las moles, ridi- culo de pequeno. Y los hombres pareciamos mas pegados 1S al suelo que en ninguna parte. Gomo no nos esperaban con alojamiento preparado en el hotel, tuvimos que proceder inmediatamente al levantamiento de las carpas 19 que nos servirian de habitation. A cinco chilenos, entre los cuales estaba Laguna, nos dieron una.

La paramos en medio de maldiciones y juramentos. Corria un viento fuerte que azotaba la tela y la hacia hincharse como una vela.

Cuando ya la teniamos casi armada, el viento la tumbaba. What a fellow this Laguna is! And the whole gang of workers laughed together with me.

For Heaven’s sake, Lord! For fin, la carpa quedo en estado de habitarla y nos repartimos el pedazo de terreno, seinbrado de piedras del tamano de un pufio, que utilizariamos a modo de blanda cama. Extendimos nuestras ropas en el suelo. Laguna nos miraba hacer, 21 Alguien pregunto: Este lo miro y bajo la cabeza avergonzado.

El alambre de púa – Horacio Quiroga

Nada, que de- nunciara la presencia de una prenda de vestir o de cama, 22 habia en su equip aje, que llevaba envuelto en un panuelo. Cuando nos acostamos, Laguna estuvo un momento parado, con expresion de hombre indeciso; conversaba y fumaba. Luego se decidio y sin hacer ningun preparativo se tendio en el desnudo suelo, al lado mio. Yo quise ofrecerle mi cama, pero el temor de avergonzarlo me hizo desistir. Se apago la luz.

Con los ojos abiertos en la sombra, tendido de espaldas 23 en mi lecho, con- verse un momento con el. A la luz de su cigarro veia a intervalos su nariz aguilena y su bigote lacio, Despues, insensiblemente me quede dormido. Desperte al cabo de unas horas y mientras orien- taba mis pensamientos, escuche los ruidos de la noche. Afuera el viento, muy frio, parecia aullar como un animal aguijoneado. El rumor del rio aumentaba con su rodar de piedras aquel grito pro- longado del viento.

La carpa crujia violentamente. En medio de toda aquella sinfonia salvaje, percibi un sonido humano. Pense que alguien rondada, tal vez perdido, alrededor de la carpa e incorporandome en la cama escuche con atencion.

Pero no era afuera.

Quirogaa al lado mio. Laguna, dormido, seguramente helado de Mo, castaneteaba los dientes 24 y se quejaba. Se levanto y empezo a desnudarse. De repente oi un sollozo y Laguna lo comento diciendo: Yo soy roto muy fatal, Despues, como un perro, busco la cama y se acurruco entre las ropas, tiritando. Laguna suspiro, se movio un poco, se encogio, seguramente hizo una de sus muecas acostumbradas y por fin se durmio. Yo escuche un momento su respiracion, cortada a trechos por suspiros, y luego me dormi.

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